Premio a la Vida en Langreo al COPINH.

Se asomaba con fuerza un sol rojoamarillento en Ranón
cuando don Marcelino, comunero del COPINH, iniciaba los trámites de regreso a su matria, en largas horas de viaje,

esta vez a través de El Salvador (cuyo aeropuerto lleva el nombre del mártir, obispo hecho santo, Monseñor Romero, el del discurso y práctica antimilitarista),

en la venida a través de Panamá (cuyo aeropuerto internacional sostiene el nombre de Tocumen, un líder indígena guna o kuna, un pueblo que en el presente preserva su autonomía y autogobierno en algunos territorios, y en cuya lengua se han sentido representados muchos de los pueblos indígenas del continente y del Caribe, Abya Yala, para nombrar a la “tierra en plena madurez”, “tierra viva” o “tierra que florece”, que otros hemos llamado América o Latinoamérica) ,

con ruta hacia Palmerola, antigua base militar yanqui, hoy aeropuerto civil en Comayagua, para continuar después 4 horas más hacia La Esperanza-Intibucá, donde tiene sede el COPINH, y otras 4 más para llegar a su comunidad de Montaña Verde.

Abya Yala ha sido mencionada por el alcalde de Langreo al recibir a don Marcelino en el salón de plenos municipal, y de autogobierno (en Montaña Verde) ha podido conversar un poquito el comunero lenca, al menos en el IES Santa Bárbara, y en la despedida en el Manglar ovetense.

Un autogobierno conquistado con muchas luchas, y con padecimientos de cárcel, por parte de don Marcelino y su hermano, al confrontar a los terratenientes militares aliados con la iglesia, que se han querido apropiar del territorio que la comunidad lenca ha sabido cuidar, respetar y preservar.

El resto de los mensajes de don Marcelino, en el Cine Felgueroso al recibir el Premio a la Vida del Ayto, o en las conversaciones en Langreo, Xixón y Oviedo, se han centrado en su organización, el Consejo cívico de organizaciones populares e indígenas de Honduras, y en su lideresa más conocida, doña Berta Cáceres, de la que de nuevo su Memoria se actualiza esta semana, por el aniversario décimo de su asesinato.

Regresa don Marcelino, autoridad indígena del pueblo lenca, y nos deja sus mensajes, sobrios y concentrados, en la defensa de la Vida, que practican en su comunidad, que auspicia la lucha incesante del COPINH, que dejó, también de forma sintética descrita por Berta Cáceres al recibir el Premio Goldman, pocos meses antes de su crimen:
“En nuestras Cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz.

De los ríos somos custodios ancestrales el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas, por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta.
El Copinh caminando con pueblos por su emancipación ratifica el compromiso de seguir defendiendo el agua, los ríos y nuestros bienes comunes y de la naturaleza; así como nuestros derechos como pueblos.
¡Despertemos! ¡Despertemos humanidad! Ya no hay tiempo.
Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de estar solo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal.

El Rio Gualcarque nos ha llamado, así como los demás que están seriamente amenazados en todo el mundo. Debemos acudir. La Madre tierra militarizada, cercada, envenenada donde se violan sistemáticamente derechos elementales nos exige actuar.
Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y de sus espíritus.
Dedico este premio a todas las rebeldías, a mi Madre, al Pueblo Lenca, a Río Blanco, al Copinh, a las y los mártires por la defensa de los bienes de la naturaleza “.









